En la cena se rió y dijo: “Es solo un amigo”… Mi respuesta lo cambió todo.

La última visita

Una semana después, Sofía apareció en la puerta de mi departamento.

Sin maquillaje. Sin seguridad. Sin esa imagen impecable de siempre.

Solo parecía cansada.

—David, por favor… cometí un error. Podemos empezar de nuevo.

La miré con tranquilidad.

—No cometiste un error, Sofía. Tomaste muchas decisiones. Mentir fue una decisión. Burlarte de mí fue una decisión. Usarme también.

Lloró.

—Cambié. Lo entendí todo.

Negué suavemente.

—Tal vez cambies de verdad algún día. Pero yo ya no quiero quedarme para comprobarlo.

Guardó silencio.

Entonces añadí:

—No te odio. Pero sí me da pena que hayas perdido algo real por perseguir algo vacío.

Cerré la puerta con calma.

Y con eso, cerré también esa etapa.

Seis meses después

Mi vida cambió mucho.

Me mudé a un lugar mejor, no para impresionar a nadie, sino porque entendí que también merezco disfrutar de lo que construí.

Conservé mi viejo auto. También compré uno nuevo.

Seguí creciendo profesionalmente.

Pero lo más valioso no fue eso.

Recuperé mi paz.

Valeria se alejó completamente de aquel grupo y, con el tiempo, construimos una amistad sincera. Gracias a ella conocí a Elena, ingeniera de software.

Estamos conociéndonos sin prisa.

Y por primera vez en mucho tiempo, no siento que deba demostrar nada para ser querido.