Mañana. El Grupo Cortés entrará en revisión bancaria.
Rodrigo entró en pánico.
—¡No puedes hacer eso! ¡La gente depende de esa empresa!
—Por eso no la cerré antes —respondí con calma—. Los empleados estarán protegidos. Los contratos continuarán. Lo que termina hoy es tu decisión.
Doña Teresa rompió a llorar, pero ya era demasiado tarde.
Rodrigo me buscó.
—Te amaba…
Retrocedí.
—No. Amabas sentirte superior a mí.
Hice una señal al personal.
—Gracias por venir a cenar. La comida será donada. Pueden retirarse.
—¿Nos está echando? —gritó Doña Teresa.
Señalé hacia la puerta.
