Una mujer llegó angustiada buscando ayuda. Su esposo, un hombre trabajador y sano, llevaba meses despertándose todas las noches con una sensación de peso en el pecho, frío en la habitación y una presencia extraña que parecía quitarle la paz. Habían consultado médicos, realizado estudios y revisiones, pero todo parecía normal.
Entonces surgió una pregunta sencilla:
¿Cómo rezan antes de dormir?
La respuesta fue reveladora: rezaban acostados, con los ojos cerrados, y casi siempre se quedaban dormidos antes de terminar.
A partir de ahí, comprendieron que no se trataba de no rezar, sino de hacerlo sin conciencia, sin cierre espiritual y en una habitación sin signos de fe.
Primer error: rezar acostado y quedarse dormido antes de terminar
Muchas personas llegan agotadas al final del día, se acuestan, cierran los ojos y empiezan a rezar.
Pero antes de terminar, el sueño las vence.
Dios conoce el corazón y comprende el cansancio, pero la oración nocturna necesita presencia, atención y entrega consciente. Rezar no debería ser lo último que hacemos mientras nos apagamos, sino un acto vivo antes de descansar.
Lo ideal es rezar sentado o de rodillas junto a la cama, con calma, aunque sea una oración breve.
Primero se ora, luego se duerme.
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Segundo error: no hacer un cierre espiritual
antes de dormir
Muchas personas rezan, pero al terminar simplemente se dan vuelta y duermen. No hacen la señal de la cruz, no encomiendan su descanso y no piden protección para la noche.
Ese cierre espiritual puede ser muy sencillo:
"Señor Jesús, en tus manos encomiendo mi espíritu. Protege mi sueño, mi hogar y mi familia. Sella esta habitación con tu paz."
Luego se hace la señal de la cruz con fe y se descansa confiando en Dios.
