Luego lo dejé. —No.
La habitación quedó en silencio.
Patricia espetó: —Es tu ansiedad la que habla.
—¿Mi ansiedad? —repetí.
Coloqué un pequeño altavoz sobre la mesa y le di al botón de reproducir.
Su voz llenó la habitación:
—Le quitaremos su apartamento y su dinero… y luego la enviaremos lejos.
Se oyeron jadeos.
Adrián intentó negarlo, pero su propia voz lo siguió.
—Firmará. Confía en mí.
Las puertas se abrieron.
Entró mi abogado. Luego los detectives. Luego Mara. Luego la señora Lin.
Patricia exigió que se fueran, pero los detectives presentaron órdenes de arresto.
Fraude. Falsificación. Explotación financiera. Acoso. Incluso sospecha de envenenamiento.
Adrián entró en pánico.
