Tengo 87 años: si no puede vivir solo, antes de ir a una residencia de ancianos, considere estas alternativas.

Cómo construí mi red de apoyo

Al día siguiente, hablé con mi vecina Laura, una joven madre que trabajaba desde casa.

Le hice una propuesta sencilla:

Necesitaba que alguien me recordara tomar mi medicación cada mañana.

Ella necesitaba ayuda ocasional para cuidar a sus hijos durante las reuniones.

Así que nos ayudamos mutuamente.

Ahora, cada mañana, pasa unos minutos, me trae café y se asegura de que haya tomado mi medicación.

A cambio, dos veces por semana recojo a sus hijos del colegio, les doy una merienda y me quedo con ellos hasta que termina de trabajar.

Ampliando el círculo

Luego hablé con Pablo, otro vecino que llega tarde a casa.

Le pedí que pasara cada noche solo para asegurarse de que estuviera bien.

A cambio, yo recibo sus paquetes durante el día.

Después, me asocié con Antonia, una viuda de mi edad. La limpieza se había vuelto difícil para ambas, así que contratamos a una persona para la limpieza juntas y compartimos el costo.