Cómo construí mi red de apoyo
Al día siguiente, hablé con mi vecina Laura, una joven madre que trabajaba desde casa.
Le hice una propuesta sencilla:
Necesitaba que alguien me recordara tomar mi medicación cada mañana.
Ella necesitaba ayuda ocasional para cuidar a sus hijos durante las reuniones.
Así que nos ayudamos mutuamente.
Ahora, cada mañana, pasa unos minutos, me trae café y se asegura de que haya tomado mi medicación.
A cambio, dos veces por semana recojo a sus hijos del colegio, les doy una merienda y me quedo con ellos hasta que termina de trabajar.
Ampliando el círculo

Luego hablé con Pablo, otro vecino que llega tarde a casa.
Le pedí que pasara cada noche solo para asegurarse de que estuviera bien.
A cambio, yo recibo sus paquetes durante el día.
Después, me asocié con Antonia, una viuda de mi edad. La limpieza se había vuelto difícil para ambas, así que contratamos a una persona para la limpieza juntas y compartimos el costo.
