La hidratación es un aspecto fundamental del cuidado diario en mayores de 70 años. Con el paso del tiempo, la sensación de sed puede volverse menos intensa, por lo que una persona puede necesitar líquidos aunque no sienta ganas claras de beber agua.
Además, ciertos medicamentos, enfermedades, temperaturas altas o dificultades de movilidad pueden aumentar el riesgo de deshidratación. Por eso, más que esperar a tener mucha sed, conviene crear una rutina sencilla que facilite beber líquidos de manera regular durante el día.
Por qué la hidratación merece atención
El agua participa en funciones básicas del cuerpo, como regular la temperatura, favorecer la digestión, transportar nutrientes y ayudar al funcionamiento general del organismo. En adultos mayores, una hidratación insuficiente puede contribuir a cansancio, mareos, confusión, estreñimiento o mayor debilidad.
No todas las personas necesitan exactamente la misma cantidad de agua. Las necesidades varían según clima, alimentación, actividad física, peso, salud renal, medicamentos y otras condiciones médicas. Por eso, cualquier recomendación general debe adaptarse a cada caso, especialmente si existen enfermedades cardíacas, renales o indicaciones de limitar líquidos.
