Dentro se encontraba el plan maestro de todo el complot.
Había una solicitud de tutela redactada que alegaba que Emily sufría un grave deterioro psiquiátrico. Había historiales médicos falsificados. Había fondos de la empresa desviados a cuentas privadas vinculadas a Catherine y Jessica. Había compras de lujo disfrazadas de gastos de empresa. Y, enterrado bajo los archivos financieros, se encontraba el descubrimiento más cruel de todos: documentos que demostraban que Jessica no era la hermana adoptiva de Alex, sino su pareja de muchos años, oculta a plena vista en la casa de Emily.
James fotografió todo y se llevó los originales más importantes.
Al mediodía, Catherine llegó con el almuerzo, sonriendo con falsa calidez, y traía un recipiente con el estofado de ternera favorito de Emily. Emily ya sabía lo que era. Fingió náuseas, llevó el plato al patio y, discretamente, guardó una porción de la salsa en una bolsa para probarla más tarde, antes de desechar el resto. Cuando Catherine regresó y vio el plato vacío, una expresión de satisfacción cruzó su rostro.
Una hora después, Emily permitió que Jessica la vistiera con ropa discreta y le despeinara el cabello deliberadamente. Alex quería que ella pareciera frágil ante la junta directiva. Emily se lo permitió.
Mientras el ascensor subía hacia la planta ejecutiva, Alex se inclinó y le susurró que si se ponía "difícil", un médico en la sala de juntas la sedaría por su propia seguridad.
Emily bajó la mirada y no dijo nada.
En las puertas dobles, vio al médico esperando con un maletín y comprendió el último paso de su plan.
No la llevaban a un hospital.
